DIEZ AÑOS DE PROCESOS DE PAZ EN COLOMBIA

Policy Brief

27/11/2023

El 1 de noviembre de 2023, el expresidente y Premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, Roy Barreras, Embajador de Colombia en el Reino Unido, Danilo Rueda, Alto Comisionado para la Paz de Colombia, y Gwen Burnyeat, Investigadora Junior de Merton College, Universidad de Oxford, participaron en un diálogo celebrado en St. John’s College, Oxford. Este evento, organizado conjuntamente por Rodeemos el Diálogo (ReD), el Centro de Religión, Reconciliación y Paz de la Universidad de Winchester, y la Red de Estudios de Paz de Oxford (OxPeace), ofreció un espacio para reflexionar sobre el arduo camino de construcción de una paz duradera en Colombia. Andrei Gómez-SuárezAlejandro Posada Téllez resumen las lecciones claves para Colombia y el mundo.

 


Este diálogo entre la administración de Petro y Santos representa un paso trascendental en el intercambio de conocimientos, que refleja una década de lecciones aprendidas en los procesos de paz. Las continuidades y discontinuidades entre los gobiernos invitan a reflexionar sobre las importantes interconexiones entre los esfuerzos por alcanzar la paz del pasado y presente. Estas reflexiones pueden inspirar e informar mejores prácticas en la actual búsqueda de la paz en Colombia, al tiempo que ofrecen valiosas pistas para gobiernos y constructores de paz en otras regiones afectadas por conflictos armados.

Una década de construcción de paz en Colombia

Colombia lleva más de medio siglo de conflicto armado. El Acuerdo de Paz de 2016, negociado entre el gobierno Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), marcó un momento crucial en la búsqueda de la paz en el país. El acuerdo fue el resultado de seis años de negociaciones, que comenzaron formalmente en 2012.

El acuerdo incluye una reforma agraria; disposiciones para fortalecer la participación política; una solución integral a las drogas ilícitas; la satisfacción de los derechos de las víctimas y el pleno respeto de los derechos humanos; el fin del conflicto con las FARC; garantías de seguridad para excombatientes y activistas; y disposiciones transversales de género y étnicas.

La implementación del acuerdo no empezó a la velocidad necesaria debido a la oposición política que enfrentó. Sin embargo, avanzó sustancialmente hasta 2018, cuando Iván Duque, un acérrimo crítico del acuerdo de paz, fue elegido presidente. Luego siguió un serio declive en el ritmo de implementación y una abierta oposición del gobierno a las instituciones autónomas creadas por el acuerdo de paz, como la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). La frustración de un amplio sector de la sociedad por la pobre implementación contribuyó a la elección en 2022 de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de Colombia.

Desde que asumió el poder en agosto de 2022, el gobierno Petro ha planteado una ambiciosa política de paz, conocida como “Paz Total”, para poner fin a todas las formas de violencia organizada en Colombia. Como algunos panelistas discutieron en este evento, la piedra angular de esta agenda de paz es el Acuerdo de Paz de 2016, lo que ha llevado al gobierno a prestar especial atención a tres elementos del acuerdo. En primer lugar, cumplir con la reforma agraria devolviendo tierras a campesinos, grupos étnicos y víctimas del conflicto, al tiempo que se presiona al Congreso para que cree una Jurisdicción Agraria con capacidad constitucional para resolver disputas sobre tierras. Segundo, garantizar la seguridad de los excombatientes de las FARC y de los líderes comunitarios, reactivando la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad. Tercero, garantizar los derechos de las víctimas, comprometiéndose a apoyar la plena implementación de las recomendaciones incluidas en el informe final de la Comisión de la Verdad.

Un pilar clave adicional de la “Paz Total” es la búsqueda del desmantelamiento de todos los grupos armados ilegales restantes, que fue un compromiso importante del Acuerdo de Paz de 2016. Con este fin, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz reanudó las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), tomando como punto de partida los avances logrados bajo el gobierno Santos, y creó un marco legal para explorar negociaciones políticas y sociojurídicas con otros grupos armados ilegales. Hasta el momento, hay diálogos en curso con el Estado Mayor Central (EMC), un grupo disidente de las FARC, y tres diálogos urbanos en las ciudades de Buenaventura, Quibdó y Medellín. Según la administración Petro, los acuerdos que se alcancen en ellos construirán sobre el Acuerdo de Paz de 2016 y se atendrán a las normas del derecho internacional.

Lecciones para acuerdos de paz integrales y sólidos

Tres lecciones principales surgieron del evento para fortalecer los procedimientos y resultados de las negociaciones de paz:

  1. La idea de “la zanahoria o el garrote” subraya las complejidades de las negociaciones de paz. En estos diálogos, los negociadores suelen ofrecer incentivos, o “zanahorias”, para animar a los grupos armados a dejar las armas. Al mismo tiempo, es necesaria una disuasión creíble, o el “garrote”, para garantizar el cumplimiento de los términos del acuerdo. Lograr un equilibrio armonioso entre estos elementos es fundamental para el éxito de las negociaciones de paz.
  2. La búsqueda de la verdad y las disposiciones centradas en las víctimas del conflicto son imprescindibles en los procesos de paz. Reconocer el sufrimiento de las víctimas y asimilar las profundas heridas infligidas por el conflicto a individuos y comunidades son componentes esenciales para una reconciliación y una paz sostenibles. La atención integral a estas cuestiones es fundamental para los procesos de sanación y restauración del tejido social en las sociedades postconflicto, y debe integrarse en los procesos de negociación desde su inicio.
  3. La flexibilidad es un aspecto clave de las negociaciones de paz, ya que permite adaptarse a unas dinámicas del conflicto en constante evolución. En un panorama sociopolítico volátil, una metodología adaptable resulta tan vital para los acuerdos como el propio contenido de lo pactado. Esta adaptabilidad garantiza que puedan abordarse eficazmente los nuevos retos y realidades sobre el terreno.

Lecciones para garantizar la implementación de los acuerdos de paz

En el diálogo surgieron cuatro factores que pueden contribuir a la implementación efectiva de los acuerdos de paz:

  1. Los acuerdos de paz deben integrarse en el marco jurídico de una nación. Esta vinculación legal distingue la paz de una simple promesa política a un compromiso vinculante del Estado aplicable ante la ley.
  2. El apoyo internacional, especialmente por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es vital para fomentar la confianza entre las partes y hacerles seguimiento como responsables de la implementación de los acuerdos. Una participación internacional respetuosa puede garantizar mayor seguridad y compromiso, reforzando la estabilidad del proceso de paz.
  3. La legitimidad y la voluntad política de un gobierno allanan el camino para una implementación más eficaz de los acuerdos. Esto destaca la naturaleza profundamente política de los procesos de construcción de paz y la necesidad de superar el dogma liberal que concibe las transiciones de la guerra a la paz como técnicas y apolíticas. 
  4. Frente al exceso de información que genera un terreno fértil para la desinformación, es clave la creación de equipos pedagógicos que comuniquen eficazmente el progreso de las negociaciones y la implementación de los acuerdos de paz al público nacional e internacional. Esto puede ayudar a abordar problemas como la falta de confianza en los gobiernos y la polarización política. A su vez, esto puede aumentar el apoyo de la sociedad civil al proceso de construcción de paz a largo plazo.

Lecciones para el futuro de la consolidación de la paz en Colombia y el mundo

La última década de procesos de paz en Colombia debe verse como un esfuerzo continuo y multigeneracional que trasciende gobiernos individuales. Para consolidar el compromiso del Estado, debe existir un diálogo continuo y abierto entre todas las partes interesadas, que garantice que las lecciones aprendidas de los procesos anteriores se trasladen al futuro y sirvan de base para las estrategias de los futuros gobiernos. Esto ayudará a disminuir las diferencias de entendimiento, generar confianza y fomentar un sentimiento de unidad nacional -aunque agónica- en torno al camino hacia la paz.

Estas lecciones tienen implicaciones de largo alcance y sirven como indicadores para quienes se esfuerzan por construir y mantener la paz en Colombia y el mundo. El camino colombiano hacia una paz sostenible es un ejemplo de la necesidad de estrategias integrales, adaptables e inclusivas para abordar los múltiples retos a los que se enfrentan las sociedades en transición de la guerra a la paz.


NotaEl análisis aquí contenido refleja únicamente las opiniones de los autores, y no refleja necesariamente las opiniones de los participantes o de las organizaciones convocantes.

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LOS AUTORES

Andrei Gómez-Suárez, investigador senior del Centro de Religión, Reconciliación y Paz de la Universidad de Winchester y Alejandro Posada-Téllez, candidato a doctor por la Universidad de Oxford. Ambos son miembros de Rodeemos el Diálogo y del comité directivo de OxPeace